Desde hace unos años, el aguacate ha irrumpido en el imaginario de la sociedad como una manada de búfalos.

Siempre ha existido y siempre ha resultado exótico, pero nunca había alcanzado los grados de popularidad que ostenta desde que el concepto del brunch se implantara con fuerza, sobre todo en España, donde la moda brillaba por su ausencia hace unos cinco años. Instagram ha facilitado esa propagación, con el aguacate como piedra angular de las fotografías de influencers y pseudoinfluencers (o de tu prima que lo goza en una cafetería hípster), así como el movimiento healthy o fit que elevó el aguacate hasta la cúspide de la comida sana.

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Es cierto que no hay que menospreciar el poder del aguacate en sí. Para empezar, es una fruta y verdura al mismo tiempo, una extraordinaria virtud tan increíble como Vegetto, que era Goku y Vegetta al mismo tiempo; el grifo, animal mitológico que mezclaba águila y león, o el lápiz con goma de borrar. Sin embargo, lamentablemente, su historia es demasiado parecida a la de otros alimentos que, como John Travolta en los años 70, gozó de una fama que pronto descendió hasta los infiernos. Sin saber todavía si esa potencial muerte del aguacate podrá ser salvada por Tarantino, como ya hiciera con el protagonista de Grease en su legendaria Pulp Fiction, recordamos otros grandes hitos de la gastronomía moderna y globalizada que, como nuestro acompañante perfecto de los huevos benedictinos, también lo petaron y poco a poco perdieron su hueco. Hablamos, ni más de menos, del vinagre de Módena, las setas, el foie, la trufa o el tartar, por mencionar algunos. Y no es que hayan muerto, ni mucho menos, pero su uso empieza a ser repetitivo y menos común que hace unos años. ¿Correrá el aguacate la misma suerte?

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Con esta breve introducción, desgranamos los pros y los contras del aguacate:

-El consumo del aguacate se ha disparado en Europa de una manera alarmante. Según El tropical malagueño, en 10 años, la importación mundial de aguacate se ha elevado un 171,97%, con una estimación para 2030 de una demanda de 2,84 a 4,24 millones de toneladas. Y no solo eso: la Organización Mundial del Aguacate ha establecido que en Europa el consumo de aguacates ha crecido un 65% entre 2016 y 2018 hasta alcanzar las 650.000 toneladas el pasado año. Son buenas noticias para México, República Dominicana y Perú, principales productoras y exportadoras de este manjar.

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-Producto sano. El aguacate es una fruta-verdura que no solo es ambrosía para el paladar humano, sino que, dejando a un lado el apartado gustativo, el producto en cuestión es un hacha en materia saludable. Y, según sostiene Elena Gascón, dietista-nutricionista y profesora de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la Universidad de Navarra, el corazón es el órgano más beneficiado por su consumo, pues sus grasas monoinsaturadas ayudan a prevenir esos riesgos que podrían causarnos males cardiovasculares. Al mismo tiempo, según ha confirmado Paloma Gil, especialista en endocrinología y nutrición, su aporte en vitamina K es un arma para prevenir la osteoporosis; además, ayuda a controlar el colesterol de la mano de su fibra y grasas saludables y sus antioxidantes y minerales contribuyen a retrasar el envejecimiento. En la Universidad de Kentucky también han hablado de la importancia de este tipo de alimentos con fibra para reducir los riesgos de padecer enfermedades crónicas, tales como la hipertensión, diabetes y obesidad. Canela en rama, vaya, de la que tampoco hay que abusar ya que puede contener hasta 300 calorías por pieza. Con moderación y ya está.

-Elaboraciones variadas. Su uso ha sido uno de los más extendidos de los últimos tiempos, tanto en desayunos, como brunch, comidas y cenas. ¡Hasta en meriendas! Y es que el aguacate puede tomarse solo, en ensalada, sobre rebanadas de pan y acompañado de huevos o tomate. Los tartares de pescado, que también han llegado al pueblo llano en los últimos años, recurren a este alimento para sus elaboraciones, lo que demuestra su carácter chic como acompañante de platos de bien. Además, la crema de aguacate es un hito que lleva tiempo petándolo en materia delicatesen, así como el guacamole que, por suerte, tuvo su propio hit hace décadas de la mano de México y no necesitó esta moda para darlo todo.

Pero, a pesar de la magia de este alimento, curioso por su extraño y maravilloso sabor, también existen contras que pueden hacer peligrar su éxito en un futuro:

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-Es caro. El aguacate es prácticamente un producto de lujo, exagerando un poco. Ronda los 4 euros el kilo (a veces más, a veces menos), convirtiéndose en una de esas frutas-verduras que, tras revisar el recibo del supermercado, su precio podría competir con el kilo de gambas. Porque solo una pieza de esta manjar supera el euro, aunque las redes y bandejas, quizá por ser de peor calidad, brindan una cifra más asumible. No es prohibitivo, pero una persona de economía normal no puede consumirlo de manera habitual, como lo haría con los tomates o los pimientos, sin sufrir las consecuencias en su cartera a final de mes. Y, sí, hablamos de verduras.

-Siempre es un extra especial. Tanto en los restaurantes de elaboración al gusto como en los pedidos a domicilio de algún establecimiento, el aguacate siempre viene acompañado de ese doloroso +1 o, volviéndonos locos, del +2. Es un extra que siempre vale más que el resto, ya sea en una hamburguesa, burrito o poké. Y ocurre lo mismo con el guacamole, también por la influencia de un aguacate que, mostrando su nivel y egocentrismo, no puede evitar hacerse notar en el vasto universo de la comida rápida. De hecho, suele ser la nota fresca y de calidad, como las monedas de 10 céntimos entre la calderilla de cobre de la cartera, y ello merece una recompensa, aunque sea un +1.

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-Debilidad. Los aguacates molan, pero consumirlos no es tan fácil si eres tú el encargado de escogerlos. Y es que hay más de 50 tipos, cada uno con sus especialidades, y tres son los más comunes: el Hass, el Fuerte y el Bacon. En el supermercado, es necesario tocar la pieza para saber si puede comerse o si, por el contrario, debe desecharse. Y es que algunos están tan duros que podrías tener que esperar varios lustros para hincarle el diente (con unos días es suficiente), mientras que los muy blandos no servirían ni para el más triste de los guacamoles. Así, encontrar el término medio no es fácil, y, a pesar de logarlo, el resultado puede ser igual de catastrófico: no es extraño que el aguacate nos muestre su cara más marrón, debido a la oxidación y a la melanina, o más negra, con motas que podrían desbaratarlo por completo. En este último caso, imagínate qué cara se te quedaría si tus dos euros y pico acaban en el fondo de la basura.

-Génesis del postureo de Instagram en restaurantes. Este es quizá el defecto menos importante para el aguacate en sí, pero quizá el mayor para la sociedad. Y es que, con la moda de la inmediatez que ha surgido de las redes sociales, el aguacate se ha convertido en uno de los principales protagonistas. E Instagram ha sido el principal culpable, sobre todo por su aura de encanto, “moderneo”, “hipsterismo” y movimiento cool que trae consigo la red social más popular de los últimos tiempos. De repente, gracias los restaurantes con brunch y a otros espacios con mobiliario vintage y menús rimbombantes, el aguacate empezó a llenar las redes. Su color verde y la perfecta combinación con otros alimentos, generalmente también llamativos (el rojo de los tomates, el amarillo de los huevos, el marrón envejecido de las tostas…) no solo le hacían healthy para sus fotógrafos, sino que le convertían en un complemento visualmente poderoso que además combinaba con todo. Así, no tardó en convertirse en el primer espada de todo fanático del postureo. Y, con las stories de Instagram, su popularidad en la red social se multiplicó con creces. ¿Acaso recuerda un fin de semana sin aguacate en las stories de tus amigos?

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El aguacate sigue en alza y quizá nunca decaiga, pero todas las modas son pasajeras. Los pantalones pitillo triunfaron en los 80 y murieron para resucitar hace unos años, aunque ya hay fecha para su próxima defunción. Mientras componemos su réquiem por si acaso, no podemos evitar pensar en el aguacate y en ese futuro en el que quizá vuelva a ser solo esa fruta-verdura divertida y exótica, de comparecencia puntual y, quizá por eso, mucho más especial.