Todo el mundo habla de la tecnología y lo increíblemente rápido que avanza,

de las generaciones digitales que han nacido con un smartphone en las manos, los colegios donde se usan iPads en las clases, la realidad virtual, la nube, los aparatos inalámbricos y un larguísimo etcétera de nuevos gadgets que salen constantemente o cambios en nuestra manera de trabajar que incluyen avances multimedia e interactivos, pero seamos sinceros, no todo es tan perfecto, y había algunas cosas que antes ¡SÍ lo eran!

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Dentro ejemplos:

Cargadores de móvil

Antes medían 2m y se necesitaban gomas para enrollarlos y que no colgaran por todas partes y cuando lo cargabas, prácticamente podías pasear por toda la habitación sin miedo a que se desenchufara en ningún momento. Ahora tienes que estar mirando de cara a la pared como si estuvieras castigado para cargar el teléfono de lo cortos que son los cargadores, o dejarlo en una mesa con carga inalámbrica -lo que tampoco te deja pasearte con el móvil en la mano mientras lo cargas-.

Las feas pero útiles pantallas de los móviles

Si lo pensamos, ¡eran perfectas! Vale, eran verdes y negras, pero no tenían luz propia, lo que ahorraba mucha batería (usábamos más los cargadores para saltar a la comba que para cargar los teléfonos) y ahora brillan tanto que más que sordos por usar los auriculares 10h al día nos quedaremos ciegos de tanto consultar la hora al despertarnos a media noche.

Teléfonos fijos parejos

Ya casi nadie tiene, pero ¿y lo guay que era espiar a tu hermana hablando por teléfono?
O cuando sonaba el teléfono y sabías que si no lo cogías tú por pereza lo haría otra persona en la habitación de al lado.
O cuando tu hermano y tú estábais en habitaciones distintas y corríais a ver quién llegaba antes a alguno de los dos teléfonos.
O cuando perdíais uno pero no pasaba nada porque todavía quedaba el otro.
Si es que eran todo ventajas.

Los auriculares con cable

Queramos o no, el futuro son los cascos sin cables. Lo sé, todos vaticinábamos que el mundo acabaría el día en que terminaran siendo aceptados socialmente, pero está pasando, y una vez la tecnología se integra en nuestras vidas ya no se va hasta que se sustituye por otra cosa más novedosa. ¿Alguien tiene ya alguna idea para hundir a los auriculares sin cables? Seguid pensando, la humanidad os necesita.
Está bien, antes se enrollaba el cable y era un lío deshacerlo cada vez, sin embargo sus ventajas eran infinitas: no perder el casco cada vez que se te sale de la oreja (porque, seamos honestos, por muy ergonómicos que sean se salen todo el rato), ponerte los cascos para que nadie te hablara -y conseguir tu objetivo- o evitar un suicidio del móvil tirando del cable cada vez que este intenta saltar del bolsillo o de la mesa al suelo.

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Las muertes en masa de los smartphone

No sé vosotros, pero creo que la tecnología es de los sectores que da más trabajo hoy en día, sino que se lo digan a todos los trabajadores de La Casa de las Carcasas o todos aquellos que se dedican a cambiar pantallas rotas.

Este hecho de que los móviles tiendan a matarse de la forma más estúpida posible divide la sociedad del siglo XXI en dos grupos CLARAMENTE DIFERENCIADOS: los que no han roto un móvil en su vida y lo cambian por viejo -¡maldita obsolescencia programada!- y los que cada año tienen dos o tres, o viven con un móvil que parece que ya viniera con una raja en la pantalla.

Los primeros para mí son los verdaderos héroes, porque ¡mira que las marcas lo ponen fácil para que se caigan los teléfonos al suelo! Son tan finos y escurridizos, que no hacen más que insistir en demostrar la teoría de la Ley de Murphy, solo que en lugar de caer la tostada por el lado de la mantequilla, lo hace el móvil por el lado en el que el destrozo será mayor. Siempre.

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Las carcasas como las conocimos en los 90

A todos aquellos que pasan los 20 y poco años, visualizad el Nokia ladrillo, sus formas curvas, gruesas, y la poca necesidad que tenía de estar recubierto de una carcasa dura que lo protegiera. ¿Qué usábamos entonces para customizar nuestro teléfono? ¡Fundas de tela! Esas que podrían pasar perfectamente por un calcetín de recién nacido (bueno, para los Nokias viejos reviejos, un calcetín del número 39). ¡Qué modernos nos creíamos con nuestros calcetines de rayas para “proteger el móvil”!
Una pena que los jóvenes crean que ahora son mucho mejor con sus brillibrilli, purpurina o pelito, por el módico precio de 50€ en la Apple Store más cercana.

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Si te cabe en el bolsillo, es que es un móvil vintage

¿Por qué los teléfonos son cada vez más grandes? Qué sí, está genial ver Juego de Tronos offline en un teléfono con buena definición, hacer una foto y que la muffin se vea más grande en la pantalla que en la realidad, pero no entiendo la obsesión con hacerlos más grandes que el bolsillo del pantalón -sobre todo de las chicas-. ¿No me creéis? Adjunto prueba.

Cuidadito con los que fingen estar enfermos

Cada vez hay más dispositivos wearables que dicen nuestra ubicación, ritmo cardíaco, pasos dados en el día, etc. Al margen de que ya de por sí es muy desmotivante ver que al día das 4.000 pasos (vale, quizás son sólo 1.000) ¿Qué pasará en unos años con todos los que fingimos estar enfermos? ¿Cómo se justifica un ritmo cardíaco acelerado constante por haber ido de fiesta o tenido una cita? Espero que ningún jefe pueda tener nunca acceso a esa información, que nos quedamos sin excusas y credibilidad.

El mundo está cambiando, y lo está haciendo a tanta velocidad que hace que nos sintamos más viejos de lo estrictamente necesario. Viejos y locos, sino que le pregunten a los niños pequeños que intentan hacer zoom en las fotos impresas. Esos, escribirán un artículo igualito en 20 años, probablemente describiendo un mundo bonito y cómodo, pero un poquito más estúpido.

 

Aquí una servidora se marcha. Una pena, porque esto empezaba a ponerse divertido.



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