Para aquellos que se les congelan las manos al entrar en el coche y coger el volante, para los que llevan mil pañuelos con mocos hechos una bola en el bolsillo del abrigo y los reencuentran de un invierno a otro,

para los que pasan un frío de morirse en la calle y un calor aún peor en el metro, para los que blasfeman nada más poner un pie en la acera y notar el gélido viento y para los que les molesta pagar el ropero de las discotecas pero no quieren llevar el pesado abrigo en la mano, os presentamos las ventajas de cómo sería un eterno verano. Pero ¡ojo! también hay desventajas.

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Pros de un calorcito non stop

  1. Podríamos tener una vida de película comiendo helado todos los días del año y creyéndonos Bridget Jones.
  2. No nos molestaría que en las rebajas de enero nos vendieran ropa de verano y viceversa.
  3. Pensar en el outfit del día, para aquellos que se preocupan constantemente, dejaría de ser un quebradero de cabeza, pues camiseta + shorts + zapatos es mucho más fácil y rápido de combinar que camiseta + jersey + chaqueta + pantalones + zapatos + calcetines + bufanda + gorro. *Hasta tardé el triple sólo en escribirlo*
  4. Todos aquellos que viven en costa podrían disfrutar de la playa 24/7.
  5. Salir de la cama por las mañanas y quitarse el pijama -para pasar frío- y vestirse dejaría de ser una pesadilla.
  6. Estaríamos morenos todos los días del año. Menos los que somos pálidos por nacimiento, todos esos vampiros que no se broncean ni después de una semana en Tenerife no tienen solución.
  7. Se acabaría el cambio de hora, pero además de verdad.
  8. Podríamos usar el calor sofocante como excusa para no salir a la calle a correr y llevar una vida sana.
  9. Todos aquellos que tiene descapotables podrían presumir, pero ahora de verdad. Porque honestamente, o hace mucho calor, o mucho viento, o llueve así que, con el clima que hace en España ¿cuántos días quitas la capota, campeón?
  10. Disminuiría el número de todos aquellos adictos al Whatsapp o al Instagram que terminan con los dedos gangrenados por el frío al usar el móvil en la calle.
  11. La ingesta de tinto y cerveza se doblaría. ¡Bien para los bares! Mal para todos aquellos propensos a caer en la barriga cervecera.

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Contras de no sentir ni una brisa

  1. No veríamos la nieve y se perdería la famosa semana de esquí de los colegios que tantas alegrías nos ha dado. Tanto a los que iban a esquiar como a los que se podían quedar en casa comiendo turrón.
  2. Papá Noel y todos aquellos que se disfrazaran de él en Navidad acabarían muertos por un golpe de calor.
  3. La cantidad de silencios incómodos en los ascensores aumentaría notablemente al perder el comodín de hablar del tiempo.
  4. El cocido desaparecería poco a poco por la dificultad de comerlo -y digerirlo- a 40º a la sombra.
  5. Las playas estarían llenas de turistas todo el año y Marina D’Or podría terminar siendo una megalópolis real.
  6. Tendríamos que resignarnos a ver por las calles españolas guiris quemados e intentando pronunciar correctamente “sangría” y “paella” todo el tiempo.
  7. Nos haríamos inmunes al calor pero lo pasaríamos peor con el frío más fácilmente, porque dejaríamos de estar acostumbrados.
  8. Dejaríamos de necesitar tantos calcetines y desaparecería una de las modas más molonas del siglo XXI.
  9. No podríamos disfrutar de los paisajes otoñales o las flores primaverales. Adiós a los hashtags #primavera, #otoño y #bosqueotoñal. Algún influencer se nos quedará en el sitio del disgusto.
  10. Para comer mandarinas o uvas tendríamos que pagar una millonada. ¡Estarían fuera de temporada todo el año!

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Escojáis lo que escojáis, no olvidéis que si preferís el eterno calor podéis recurrir a la opción rápida, mudándoos a alguna isla en el trópico donde el invierno no sea una opción, o esperar a que el cambio climático nos convierta en un Marruecos con forma de península.

Aquí una servidora se marcha. Una pena, porque esto empezaba a ponerse divertido.



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