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¿Cobrarnos por utilizar la luz solar? ¿Qué será lo próximo? Desde luego preferimos no imaginarlo…

Pocas veces se alegra uno de las decisiones de un político –qué mal acostumbrados nos tienen en este país–, pero hace unas semanas el Consejo de Ministros aprobó el decreto-ley por el que se pone fin al conocido como impuesto al sol, con el que el Partido Popular impuso un cargo económico a todos los autoconsumidores de energía solar.

Esta medida anunciada por la actual ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, se merece nuestra celebración, ya que hace el camino más fácil a todos aquellos que apuesten por una energía limpia, sin tener que dejarse un riñón por el camino. Pero también porque pone fin a uno de los impuestos más absurdos de este país.

Aunque no está todo el trabajo hecho. Este era solo uno de esos sinsentidos político económicos que pasan desapercibidos en nuestro día a día, pero que si te descuidas te pueden dejar la cuenta temblando. Impuestos absurdos que hacen cuestionarnos nuestro sistema tributario.

 

Otros impuestos sin sentido

Podríamos comenzar destacando el denominado impuesto al bingo que, aunque solo se aplica en provincias como Asturias o Murcia, te puede quitar hasta un 10% de lo que ganes jugando con los cartones. Así, porque sí. Pobres abuelas murcianas… Dejemos los juegos de azar para irnos a Cataluña, donde existe un tributo sobre la estancia en establecimientos turísticos. O lo que es lo mismo, se debe pagar por ir de vacaciones allí. Además, este impuesto se encarece si elegimos la ciudad de Barcelona como destino, siempre con la excusa de tener una especie fondo por las ‘externalidades’ que el turismo puede causar en las zonas de alta concentración. Y luego se preguntarán de dónde les viene la fama de agarrados.

En la lista de impuestos con muy poco sentido, o ninguno, también encontramos el que penaliza –eso sí, solamente en La Rioja– el impacto visual de los elementos fijos de las redes de comunicación telefónicas. ¿Qué es eso? Los postes de cableado de toda la vida. Pues la contaminación visual de estos se paga caro en la tierra del vino. Pero siempre hay un lado bueno, y es que si miramos fuera de nuestras fronteras encontramos impuestos que parecen verdaderos chistes. Lo que está claro es que a la hora de siempre se nos ocurre alguna excusa. Y es que cuando de ganar dinero se trata, y como diría Sabina, nos sobran los motivos.

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