Solo hay tres cosas que no elegimos en la vida:

    • Cómo y dónde nacemos.
    • Nuestro nombre.
    • Y nuestro color de piel.

Esto son pequeños detalles que, en cierta manera, determinarán nuestro futuro, para bien o para mal. Pero tampoco olvidemos que el futuro solo nos pertenece a nosotros.

Siempre he destacado por ser una persona curiosa. Desde que era pequeño. Sí es verdad, que el ambiente donde crecí no era, quizá, el más idóneo para un niño y por eso la soledad marcó característicamente mi personalidad. Y no es una queja, es un hecho. No quiere decir esto que sea una persona solitaria. Solo que conozco, en detalle, una parte de la soledad y que ese pequeño detalle me marcó.

Volviendo a la curiosidad, esta se incentivó, indudablemente, por culpa de la soledad. Despertó en mí un gran interés por las preguntas y cuestionaba todo aquello que no entendía. Puede que fuera porque de verdad era tonto y no entendía muchas cosas, o porque de verdad cuestionaba que la realidad solo era así, porque alguien lo dictaminó de esa manera y nosotros lo aceptamos.  Tal fuera el caso, que si mi manera de pensar fuera aceptada por el resto, quizá esa fuera la verdad y no la del otro. Y es que un pequeño detalle puede hacer que te equivoques de realidad. Estas tonterías siempre me han rondado la cabeza y todo a causa de la soledad y la curiosidad.

Pero si hay algo que me dejó el culo torcido fue la primera vez que sentí un Deja Vu. No recuerdo exactamente la edad que tenía, pero ya era algo mayor, de hecho tampoco recuerdo que experiencia parecí repetir aquella vez. Pero lo que sí recuerdo es aquella sensación, detallada, de lo que sentí y viví, quizá dos veces. Y si solo quizá, el Deja Vu fuera real. Y si esos momentos los hubiéramos vivido dos veces de verdad. ¿Seríamos capaces de anticiparnos? ¿De vivir bien un momento? ¿De fijarnos en esos pequeños detalles que adornan nuestras vidas?

Fue ese momento, el de mi primer Deja Vu, cuando empecé a fijarme, sobremanera, en todo aquello que me rodeaba. Si ya era curioso y fisgón, después del Deja Vu me volví un acosador de los detalles, pero por el simple hecho de intentar disfrutar de esos pequeños momentos que pueden ser tan trascendentales en nuestra vida. Porque el simple hecho de salir 5 minutos más tarde de casa un día, puede implicar no morir en un accidente de tráfico que se producirá en la carretera por la que siempre pasas. O porque ir mirando el móvil de camino al trabajo, te elude de encontrarte con el amor de tu vida a la salida del metro. Unos dirán que se debe al destino, que no quería que coincidieseis, pero al final, qué es el destino sino una consecución de nuestros propios actos y en consecuencia de los detalles que los marcan. Mirar el móvil es el detalle que marca que tu destino no sea conocer al amor de tu vida. ¿Cambiaríamos ese detalle si lo volviéramos a vivir otra vez o repetiríamos el mismo error?

Quizá esto lo piense porque soy muy romántico y creo que encontraré el amor de mi vida chocando después de girar en una esquina. Quizá solo haga falta estar en el momento y lugar adecuado. O quizá sea solo suerte. Pero no podemos negar que todo esto está marcado por los detalles y las consecuencias que ellos traen. En definitiva, esos detalles no son más que decisiones nuestras. Y eso es lo que me crea incertidumbre. ¿Qué habré dejado de hacer por hacer esto otro? ¿Si hubiera tocado la batería hubiera sido bueno? ¿Qué hubiera sido de mí si hubiera nacido en África? Sin duda, hay detalles que no podemos cambiar en nuestra vida, pero sí deberíamos prestar atención sobre los que tenemos poder para cambiar y de estos está lleno el mundo.

Por suerte o por desgracia, el ser humano no parece estar hecho para vivir dos veces lo mismo. O sí y el caso es que no lo recordamos. De lo que sí estoy seguro es que tenemos que aprovechar cada uno de esos momentos y fijarnos bien en los detalles. Para intentar sacar el máximo jugo a nuestra propia vida. Para disfrutar el cien por cien cuando estemos con alguien. Para que ese momento no haga falta vivirlo dos veces, porque ya lo hemos vivido en su máximo exponente. Al final todo se reduce a una acción, y cada acción tiene su reacción, y esto no lo digo yo, lo dijo alguien mucho más listo. Así que, ¿cuál será tu próxima acción? Piénsalo bien, porque marcará tu vida. Presta atención al detalle. Creo que ya estoy filosofando demasiado, me duele hasta la cabeza. En fin, me voy a ver Gumball para relajarme. ¡Nos vemos en las letras!