Los niños -por norma general- son adorables.

Los hay de todos tamaños y personalidades, como los mocos que suelen llevar siempre en la cara allá donde vayan. Suelen reír, aunque los hay que lloran interminablemente, cantar y bailar mucho, corretear entre tus piernas y sobre sí mismos como el Demonio de Tasmania, gritar -mucho- y soltar energía a cada paso que dan, sin que esta se les acabe nunca.

Y a pesar de todo, no sé porqué me pareció buena idea hacerme profesora de inglés en no una, sino dos guarderías vietnamitas.

Están todos aquellos que quieren saltar en paracaídas, los que quieren viajar haciendo autostop y luego los que deciden meterse en una clase con 20 niños con los que no comparte el idioma “a ver qué pasa y cuánto aguantamos”. Por la anécdota. Es por eso que para los que no se atrevan a meterse en el mundo de la docencia -a los cuales no juzgaré-, pero tienen curiosidad por este, aquí van anécdotas del día a día de una profesora novel en Vietnam.

  1. En una clase puedes tener 3 asistentes para que te ayuden (o ninguna). Su función es la de mandar callar y vigilar que no te digan groserías en vietnamita -aunque teniendo en cuenta que tienen cuatro años probablemente lo más fuerte que pueden decirme es que tengo nariz de patata, y será cierto-, pero lo normal es que dediquen la clase a hablar por teléfono y peinar a las niñas, siendo posible al final del día identificar a qué clase pertenece cada niña por el tipo de peinado que lleva, que además suelen ser muy elaborados.
  2. En las guarderías prácticamente todo el personal son mujeres, pero cuando se trata de profesores de inglés, la balanza está muy igualada. Prácticamente todos los expatriados jóvenes en Vietnam son profesores de inglés.
  3. Para los alumnos no hay normas de etiqueta, así que en las aulas gobiernan los pijamas, los disfraces de Spiderman y los vestidos de princesa con corona incluida. ¡En estas fechas encontramos hasta Papás y Mamás Noel!
  4. No hay guarderías más bonitas y completas en todo el mundo que en Vietnam. Los recreos tienen piscina, toboganes -pero no de estos mediocres de parque de arena, sino de estos tubos como los del parque del Chikipark o el McDonalds-, piscina de bolas, huertos y un larguísimo etcétera. En cuanto a los interiores, tienen váteres con forma de cerdo o pingüino y hasta duchas donde las monitoras lavan a los niños diariamente. Otra cosa que destaca es el uso de purpurina en todas partes, lo que te hace terminar las clases con más purpurina que una drag queen el día del orgullo.
  5. Los niños te van a hablar en vietnamita aunque sepan que no entiendes nada. Les vuelve locos que seas extranjero y les encanta hablar, y en algún idioma tendrán que hacerlo.
  6. Una de las cosas más adorables de los niños vietnamitas es que cuando preguntas quién quiere salir a la pizarra TODOS levantan la mano. Y en muchos casos el 90% de los alumnos no tienen ni idea de la respuesta, pero salir a la pizarra y coger la tiza los mata de la ilusión.
  7. Las escuelas vietnamitas financian las fábricas de pegatinas de todo el mundo. Por cada cosa que hacen o dicen bien se les da una pegatina. Les encantan. Los hay que hasta las llevan en las orejas como si fueran pendientes.
  8. Los padres y sus opiniones mandan en las escuelas y si no les gusta un profesor por cómo viste, habla o respira, en menos de un día lo cambiarán de clase o incluso lo echarán. Además, hay cámaras de vídeo en las clases que los padres pueden pedir ver en cualquier momento, así que ya puedes sonreír y tratar bien a todos los niños, o el Gran Hermano se enterará.
  9. Gracioso es enseñarles el verbo “toe at” y al preguntarles qué comen respondan “perro”. No sabes si felicitarles por decirlo bien o regañarles por comer eso.
  10. ¿Y lo más divertido? La gran mayoría de los niños tienen nombres imposibles de pronunciar (y más aún recordar) para un expat, por lo que suelen ponerse nombre en inglés. A veces los eligen los profesores y a veces los propios niños. En ambos casos no tienen desperdicio y puedes hablar con “Strawberry”, “Lucky”, “One Direction”, “Justin Bieber” y hasta “Putin”.

Si aún no os he convencido para que lo hagáis, recomiendo a todas aquellas estrellas de rock frustradas que os animéis y os lancéis a haceros profesor. Al caminar por los pasillos no hay ni un niño que no se te tire encima gritando tu nombre o levante la manita para que le choques los cinco. Os va a costar encontrar un club de fans más fiel y entregado que este.

Aquí una servidora se marcha. Una pena, porque esto empezaba a ponerse divertido.

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